Se impuso la necesidad de una apelación que superara las frágiles pero necesarias membranas del habla, las que establecen distingos, diversidades, confianzas, lejanías, trabajosas articulaciones que hacen de lo político un hecho con históricas mediaciones y no una ilusión aldeana de “face to face”.
No era solamente para De la Rúa, Menem, Duhalde, Chacho, Alfonsín, etc. Era más jodido el asunto, pero parece que los intelectuales oficiales no lo quieren entender, aunque en el fondo sospecho que la ficha ya les cayó.
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