lunes, agosto 29, 2011

un comentario al margen


¿No será que eso de las 5 tapas era un mito auto inculcado por esos sectores militantes, y que por eso mismo pudo ganar el gobierno tranquilamente las elecciones del pasado 14 de agosto?
Con esto no quiero decir que no exista una batalla cultural, pero esta no empieza ni acaba en este espacio de disputa entre Clarín y el kirchnerismo. Arrancó mucho antes. Hace muchos años que -en principio tímidamente y en este momento en una alianza discursiva con el Poder Ejecutivo intentando operar como moral implícita de la sociedad- en la esfera pública se viene intentando desplazar el sentido de lo que el común entiendo como popular. En ese sentido Tinelli molesta, le molesta a Biolcati y también a Fito Páez. Hay una suerte de descalce entre la esfera política y lo que podríamos entender como esfera pública. Adjudicarle ese desfasaje a los medios de comunicación es tanto una torpeza teórica como una soberbia militante.
El rating habla, habla del deseo privado y primitivo (si se me permite la palabra) de las personas. Cuando los discursos, desde los medíaticos hasta los que pretenden acariciar un fondo de sentido, son pensados para direccionar la subjetividad de aquel que supuestamente recibirá el mensaje, lo que aparece en escena el algo que retrotrae a los adultos a la etapa escolar, el fantasma de la maestra enojada y cansada, aparece. La risa no es genuina, está calculada, hay una piedra puesta entre la mirada del emisor y la del receptor, que hace ruido y que cansa en la previsibilidad de su repiqueteo. 
Fútbol para todos es el intento del gobierno de acercarse a ese consumo cultural alejado del didactismo y de emparentar a su proyecto nacional con la cultura masiva que fue alojándose en el seno de la sociedad con el correr de las décadas.

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