lunes, octubre 31, 2011

El progresismo de las retenciones

La clave del modelo estaba en la articulación de ese tipo de cambio alto con las retenciones a las exportaciones, que permitieron regular los márgenes de rentabilidad de los sectores agropecuarios y petroleros. Estas, asimismo, también ayudaban a controlar los precios internos al desconectarlos de los precios internacionales.

 

¿Ven? Acá les paso un ejemplo que grafica que la economía no es una ciencia, como ciertos dementes con becas y títulos universitarios se jactan de representar por ahí. Martín Burgos, no lo dice explícitamente, pero piensa igual que el más financista de los columnistas de Ámbito Financiero. El salario real no puede seguir aumentando, esa es la cuestión. Y esto no es todo: Hay inflación porque en los últimos años estuvo aumentando el poder de compra de los trabajadores. Qué va’ser, ¿será así no más la cosa? No se podrá consumir plasmas ni esperar los últimos inventos que Steve Jobs dejó anotados en una libretita para que sus herederos los saquen al mercado. Miren sino:

 

En efecto, la imposibilidad política de compensar una devaluación con un aumento de las retenciones a las exportaciones, planchó el tipo de cambio en el momento de la recesión de 2009, dando lugar al uso de instrumentos de protección a la industria nacional de alcance menor, como el antidumping o las licencias no automáticas, mientras Brasil devaluaba.

Lo gracioso de todo esto es que la solución que estos muchachos tenían, en el mejor de los casos, es decir, si la jugada política de la 125 les llegaba a salir bien, consistía en una captura de la renta de la tierra que siguiese el ritmo necesario del tipo de cambio local, esto para que la comida, que es lo que se “fabrica” en la Pampa húmeda y lo que a su vez se les vende a los Chinos, no aumente mucho acá adentro del país, de modo que ese incremento generado por la traducción de los dólares en una mayor cantidad de unidades de moneda argentina no haga tener que subir los salarios para que los trabajadores no se tengan que morir de hambre y que dicha suba no tome una dinámica que se empalme con la inflación. Porque inflación es que los precios suban. El modelo de Martín Burgos consiste en que la ganancia de los productores de alimentos sea idéntica tanto si se exporta la materia prima de las cosechas como si se la dan a las fábricas de comida para que estas lo vendan en el mercado interno. El precio del paquete de fideos tiene que mantenerse estable medido en pesos locales para que el modelo que algunos jóvenes profesionales tienen en mente cierre. Esta es la manera con la que algunos soñaban controlar la inflación. Pero esto no es posible, no porque sea imposible técnicamente conseguirlo, tal como algunos otros advierten en otros diarios por estos días, sino porque esa dinámica de aumento de retenciones con aumento de devaluación no puede ser eterna. El porcentaje total de la unidad es 100%, el aumento tiene límite matemático. ¿Qué se necesitaría que aparezca desde afuera para que lo que hasta 2007 vino realizando ese porcentaje pase de manos? Viejos sueños inconsistentes que llenan los platos con un guiso hecho de utopías, negligencias y obcecaciones.

Por otro lado está la cuestión estética. Hermosa la tapa que le pone Prat Gay a un columnista de Página/12 que lo había señalado como de derecha.

Derecha e izquierda. La izquierda tiene dueños, porque garpa. Prat Gay se ofende si le dicen que él no es progresista, y luego argumenta. No alcanza con que haya sido parte del gobierno de Kirchner; hay algo ahí adentro que de todos modos disecciona desafiando el mito del líder para poder serle fiel a la historia de una genealogía, que es muy fuerte.

Hay kirchnerismo más kirchnerista que Kirchner, podríamos decir eso pero suena feo aunque algo de eso hay. Suena a desgracia también, y eso es lo que da lástima.

Es que repito, las críticas no deben ser solamente autocríticas, para adentro. Faltan las críticas puntuales que pareciera que se pretenden dejar de lado tapando el agujero con una nueva fase de la historia, que sí sea exitosa y así consiga compensar los errores del pasado en una suerte de batalla final con el relato. Nuevamente, no pasa por una cuestión moral y ni siquiera ética, sino por el funcionamiento de la cosa. Las limitantes que impone arrancar el auto con el freno de mano puesto. Esto lo tendría que estudiar más, hay algo muy denso con la obsesión de salvar al sujeto en el que están constituidas las personas de carne y hueso con responsabilidades concretas en el presente, desde escritores hasta técnicos. El riesgo de que todo cierre en base a una técnica, esto es, un proceder que no discuta sus bases de legitimación sino apenas las facturas de sus engranajes.

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